miércoles, 8 de agosto de 2012

Historias de personajes: Marat

La Muerte de Marat, Jacques-Louis David

"Un tablero mal colocado, apoyado sobre la bañera, estaba cubierto con papeles, cartas abiertas y escritos comenzados. Sostenía en su mano derecha la pluma que la llegada de la extranjera había suspendido sobre la página. Esa hoja de papel era una carta a la Convención, para pedirle el juicio y la proscripción de los últimos Borbones tolerados en Francia. Junto a la bañera, un pesado tajo de roble, similar a un leño colocado de pie, tenía un escritorio de plomo del más grueso trabajo; fuente impura de donde habían emanado desde hacía tres años tantos delirios, tantas denuncias, tanta sangre. Marat, cubierto en su bañera por un paño sucio y manchado de tinta, no tenía fuera del agua más que la cabeza, los hombros, la cumbre del busto y el brazo derecho. Nada en las características de este hombre iba a ablandar la mirada de una mujer y a hacer vacilar el golpe. El cabello graso, rodeado por un pañuelo sucio, la frente huidiza, los ojos descarados, la perilla destacada, la boca inmensa y burlona, el pecho piloso, los miembros picados por la viruela, la piel lívida: tal era Marat." 

(Alphonse de Lamartine, "Histoire des Girondins")




Jean Paul Marat no era el mártir de rostro angelical representado en el famoso lienzo idólatra. Las crónicas del periodo revolucionario francés lo describen, en cambio, como un hombre feo, con un rostro lleno de marcas de viruela y una profunda dermatitis, enfermedad que no logró tratar eficazmente como científico. Un hombre de ciencia que quiso competir con el mismísimo Newton pero acabó de radical activista político. Líder de los Cordeleros, cuando tuvo poder en sus manos supo utilizarlo haciendo sangrar cuerpos y rodar cabezas. Consolidó el reinado del Terror, los juicios sumarios y las listas negras de sospechosos de pensamiento subversivo, precisamente en una revolución que nació enarbolando la bandera de libertad, igualdad y fraternidad.

Cuando notó cómo se clavaba el cuchillo en su corazón, sus últimas palabras fueron: "venid a mí, mi querida amiga". Un médico responsable de 1400 ejecuciones de prisioneros en cinco días no es de extrañar que tuviera esos tratos tan cordiales con la muerte.


2 comentarios:

  1. Impresionante historia, no es menos impactante por ser cierta. Qué capacidad tan grande tiene el ser humano para convertirse en un monstruo... En cambio, ves el cuadro y si no conoces la historia de su protagonista, te da pena, se podría montar una historia muy diferente a partir de ese cuadro. Por cierto, hablando de cuadros que cuentan historias, si tienes ocasión de pasar por Madrid, ve a ver la exposición de Edward Hopper, sus cuadros son una fuente inagotable de historias ;).

    Me está gustando mucho tu blog :D.

    ResponderEliminar
  2. ¿Aguantará la exposición hasta septiembre? Hasta entonces no creo que pueda pasar, pero sí que me gustaría verla. Gracias por la recomendación ;)

    ¡Y gracias dobles! :D

    ResponderEliminar